Mostrando entradas con la etiqueta Edificios históricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edificios históricos. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de septiembre de 2020

SILENCIO EN LA PLAZUELA

 


Siempre que paso por la plazuela de San Nicolás me pregunto qué especie de delito o pecado habrá cometido la deliciosa fuente que hay en el centro para que haya sido castigada a no verter agua. En la pileta sí hay un charco, seguramente almacenado en las últimas lluvias, pero la encantadora Moza del Cántaro espera incansable que algún bondadoso fontanero municipal reponga el suministro de liquido que, quien sabe por qué y cuándo, fue suprimido.

            La fuente de San Nicolás es una delicada obra de arte, obra de Leonardo Martínez Bueno. Quedó instalada en este sitio en la Semana Santa de 1952. A su lado, un ciprés y un olivo forman el mínimo aporte vegetal del recinto, sin duda uno de los que posee mayor contenido romántico, por no decir melancólico, de cuantos integran el recorrido urbano por las calles antiguas de Cuenca.

            Para que el placer sea completo solo falta el amable sonido de un chorro de agua cayendo rítmicamente sobre el pilón. Parece una cosa tan sencilla en una ciudad abundante en agua…

 

sábado, 26 de septiembre de 2020

UN APERITIVO DE ROBERTO POLO

 


            Ya casi no nos acordábamos de que el año pasado (ha pasado tanto tiempo y la memoria es tan frágil) debió haberse abierto en Cuenca un espacio destinado a recibir una parte considerable de la Colección de Roberto Polo, distribuida aproximadamente a medias entre Toledo y Cuenca. La sección toledana sí se abrió al público pero no ocurrió lo mismo con la de Cuenca, entorpecida por una desdichada maniobra que el Ayuntamiento no fue capaz de sortear ni resolver. No me atrevo a aventurar qué solución definitiva se dará a este caso, pero por lo pronto, y como un aperitivo de lo que pueda ser el futuro festín, ha aterrizado entre nosotros una primera avanzadilla de la Colección. Se encuentra instalada en la Casa Zavala, tiene el título de Retratos imaginarios y presenta una considerable colección (252 cuadros) con la firma de Pierre-Louis Flouquet (1900-1967), uno de los pioneros de las vanguardias artísticas en Europa, que cultivó todas las técnicas pictóricas, entre ellas el dibujo a tinta.

            Del total de obras que comprende la Colección Roberto Polo (700), se expone en Cuenca una apretada selección que cubre todas las paredes de la Casa Zavala, formando un curioso y extraordinario papel de retratos imaginados por el artista (solo uno es real, el del pintor uruguayo Joaquín Torres García), en lo que no se sabe si sorprende más la maestría y seguridad del trazo, en el que no faltan toques de amable ironía, con inspiración caricaturesca, o la variedad de expresiones recogidas con tal firmeza que en verdad parecen retratos realistas.

            Hasta el 31 de diciembre puede visitarse esta exposición, pionera con la obra del coleccionista Roberto Polo. Quizá mientras podamos recibir alguna noticia firme sobre lo que espera al resto de la obra pensada para Cuenca.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

FUE SALA Y YA NO ES NADA

 

 


       Las Escalerillas del Gallo es un lugar urbano bien conocido de todos los conquenses, tránsito muy utilizado para ir de la parte alta a la baja o viceversa y, además, esas escalinatas vienen muy bien a los bares inmediatos para que en ellos se sienten, cerveza en mano, aperitivo en la otra, quienes hacen un alto en el camino.

        Ya no queda ni rastro de la fábrica de harinas que había en ese rincón y que finalmente vino a dar nombre a las Escalerillas. Sí sobrevive, justo al lado, un vetusto y noble edificio histórico, uno de los de mayor empaque arquitectónico de cuantos hay en la ciudad y por ello duele más el maltrato sistemático con que viene siendo castigado El Almudí.

        Sin entrar en generalidades sobre el edificio en su conjunto, sí quiero poner hoy la mirada en un sector de ese noble inmueble histórico, el apéndice que tiene adosado precisamente en las Escalerillas del Gallo y en el que aún campea, irónicamente, la placa que dice Sala El Almudí.

        Porque sala exposiciones fue, de titularidad municipal, cuando el Ayuntamiento tuvo la buena idea de recuperarla para un uso público, social, comunitario, cultural. Eso fue a comienzo de los años 90 del siglo pasado y durante una década la Sala encontró una función digna, porque antes había sido laboratorio, perrera, inspección de la policía urbana y quizá alguna cosa más. Ninguna tan digna y valiosa como Sala de Exposiciones, cumpliendo una labor utilísima durante los años que permaneció abierta. Hasta que la cerraron, sin motivo ni explicaciones. Ahora es nada, un local cerrado, inútil, que bien podría estar dedicado a alguna de las muchas necesidades que hay planteadas en esta ciudad.