miércoles, 15 de julio de 2026

EL DIOS DE PAJARES

 


Este árbol singular, de extraordinaria apariencia, es un quejigo, variedad del roble (Quercus faginea) que se encuentra al margen de la carretera, unos pocos metros antes de llegar a Pajares. Esbelto en altura, con un amplio ramaje distribuido alrededor del tronco hueco, alcanza una circunferencia de 6 metros y 15 metros en la copa desplegada a una altura de 18 metros. Alzado en limpio aislamiento, su imagen solitaria impresiona desde la distancia y más en la cercanía. Aunque se desconoce su edad exacta, sí parece claro que es un árbol centenario.

El tronco es muy grueso y presenta una gran oquedad interior, probable resultado de alguna enfermedad que, sin embargo, no afecta a la hermosa apariencia del conjunto.

Nadie parece recordar el origen de esta denominación que ha tomado carta de naturaleza en Pajares y en sus alrededores. Situado en una finca de labor, el roble centenario es propiedad del pueblo por uno de esos ajustes hechos en tiempos remotos, cuando era posible alcanzar acuerdos verbales sin necesidad de caer en manos de la burocracia, decisión que finalmente confirmó la concentración parcelaria, delimitando un espacio público en torno al árbol.

Desde tiempo inmemorial, las gentes del lugar acudían a este paraje a descansar bajo su sombra, mientras las yerbas inmediatas servían de sestero para las ovejas. Cuentan que durante la guerra civil se cortaron sus ramas para hacer leña con que calentar a todo el pueblo, pero por muy grande que pudiera ser el daño, lo cierto es que el árbol pudo recuperar su frondosidad natural. También hay algún relato, entre cierto y fantasioso, que refiere algunos problemas si alguien se refugiaba bajo las ramas en tiempo de tormenta y caía un rayo sobre el tronco.

 

sábado, 11 de julio de 2026

UN AÑO MÁS SIGUE CERRADO

 

Me parece verdaderamente llamativo que un año más, un verano más, siga cerrado el restaurante Los Arcos, situado en la Plaza Mayor de Cuenca, en el arranque de la calle Pilares y al lado mismo, como su nombre indica de una manera muy expresiva, de los arcos del Ayuntamiento. Y digo que me parece llamativo porque si en Cuenca hay un negocio próspero y que funcione a todo tren es el de la hostelería; más aún, es muy triste ver la cantidad de personas que cuando llega la hora de comer empiezan a pulular por el recinto buscando un hueco en alguno de los escasos establecimientos que ofrecen este servicio. A mí me parece que esto es el mundo al revés. En cualquier lugar que presuma de ser turístico, en el interior o en la costa, es casi imposible encontrar un local cerrado porque en cuanto uno lo hace aparece de inmediato un comprador que lo sustituye. Pero como en Cuenca todo es posible, ocurre que este local, emblemático en el conjunto del casco antiguo, cerró sus puertas en 2024, puso un letreo de alquiler, incluso llegó a anunciar una próxima reapertura (que nunca se produjo) y ahí está, un verano más, cerrado a cal y canto. El local abrió sus puertas en el año 1966 pero alcanzó su mejor momento cuando se hizo cargo Mariano de Marco y su mujer, que le dieron forma y valor de restaurante, el primero de esa categoría que existió en la Plaza Mayor, donde durante mucho tiempo fue el único en que se podía comer con un toque de calidad. Todo eso es pasado, historia, recuerdos. El presente es esa puerta cerrada donde se podría dar de comer a varias docenas de personas cada día. Lo que pasa en Cuenca es verdaderamente curioso. Ciertamente, somos únicos.