El Ayuntamiento de Cuenca sigue deshojando la margarita sobre el destino que se debe dar al edificio ruinoso de la calle Obispo Valero con fachada trasera a la plaza de la Ciudad de Ronda, un inmueble que, para mayor escarnio, es de propiedad municipal y que lleva años en acelerado proceso de ruina, a la vista de todos y con peligro evidente para los transeúntes de la zona, porque hace ya meses se decidió bloquearlo para impedir que el personal siga pasando por ahí. Con el fin de protegerlo de manera más estable, se hizo una primera convocatoria para instalar un andamio de protección, pero quedó desierta, por lo que a finales de octubre de 2026 el consistorio ha hecho una segunda intentona, ahora con un presupuesto de 17.379 euros para el montaje de la infraestructura y su mantenimiento durante 12 meses, mientras se decide qué hacer con ese edificio. Esta última frase tiene un contenido cabalístico y sorprendente porque, que se sepa, solo es posible hacer una cosa: continuar lo que el tiempo ha venido desarrollando a marchas forzadas y culminarlo, procediendo al derribo inmediato de esa estructura ruinosa, de manera que un observador neutral no puede entender qué es lo que hay que decidir en un asunto que no ofrece más que una solitaria opción. Es muy llamativa la indecisión del consistorio municipal que en este caso actúa de manera totalmente diferente a la que le llevó a decidir, en 48 horas, intervenir en una propiedad privada, la del inmueble situado en la calle de los Tintes número 41, para proceder a su inmediato derribo, sin advertir a los propietarios y sin tomar la precaución de pedir una intervención judicial. Pues ese mismo y enérgico Ayuntamiento ahora no sabe qué hacer con ese inmueble de su propiedad que quiere proteger con un andamio, nadie sabe para qué y que lleva años en progresiva ruina, impidiendo de paso que se pueda ampliar el colindante Museo de Cuenca.






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