miércoles, 19 de enero de 2022

BLANCURA IMPOLUTA DE UNA SALA VACÍA

 


Impresiona (o, al menos, sorprende) ver la Casa Zavala vacía. Un edificio de amplias superficies, perfectamente preparado para recibir y ofrecer exposiciones, dedicado ahora a mostrar una sola obra en una sola de esas salas. Aspidiske es el título de esa solitaria obra, firmada por el conquense Yturralde (José María López Yturralde) que vuelve a su ciudad natal a la llamada de los organizadores del 24¡5 aniversario de la declaración de Patrimonio de la Humanidad con que ahora se adorna el repertorio de títulos tradicionales de Cuenca. Que una exposición se forme con un solo cuadro puede considerarse como una boutade elitista, una originalidad propia de un artista que busca la forma de llamar la atención. Pero lo que sorprende, en este caso, es que para mostrarla se haya elegido un edificio completo. Ahora se puede pasear por la Casa Zavala, subir o bajar escalares de un pido a otro, pasear de acá para allá y admirar los limpios espacios vacíos. Naturalmente, los que saben de estas cosas callan prudentemente, porque aquí, de acuerdo con un principio ya bien asentado, lo mejor es callar, por si acaso al hablar se remueven las tranquilas, sedentarias aguas de una ciudad adormilada. Pero, desde luego, recomiendo la visita a la Casa Zavala. Es muy agradable pasear por sus salas vacías y admirar la blancura de las paredes sin cuadros. Frente al horror vacui de otros muchos sitios, aquí predomina lo contrario.

lunes, 17 de enero de 2022

LAVANDERAS DEL JÚCAR

 


En estos tiempos de agua corriente que brota de los grifos sin parar (y sin que nadie piense mucho en cuál es el precio que hay que pagar) esta imagen nos puede llevar a un tiempo cercano a la prehistoria y, sin embargo, está bastante cerca. Es solo de 1960 y lleva la firma de Gustavo Torner, que además de ser un artista de primera fila captó con su cámara (de las de antes que se inventaran la digitales) todos los detalles imaginables de una Cuenca que ya no existe. Como esta lavandera que se acercaba hasta la orilla del Júcar, por debajo de la puerta de San Juan, con su hato de ropa y, claro, también con su pieza de jabón. A lo mejor ella también llegó a conocer la lavadora y el detergente en pastillas o en polvo. Por lo pronto, nos queda esta preciosa imagen. 

 

domingo, 9 de enero de 2022

EXPRESIÓN LIBRE Y ESTÉTICA URBANA

 


A estos cartelones que están repartidos por la ciudad de Cuenca (por fortuna, no hay muchos) les llaman “Expresión libre”, lo que quiere decir que están en esos sitios para que en ellos se peguen carteles del tipo que sea. El que inventó el sistema tenía la bondadosa intención de que así no habría carteles y cartelinas pegadas en cualquier sitio, librando a la ciudad del cochambroso aspecto que presenta de manera generalizada. Para mí que tan utópica intención nunca se ha cumplido y la cartelería sigue inundando tapias y paredes, pero lo que sí queda es el aspecto que ofrecen estos grandes paneles cuando alguien decide limpiarlos un poco. Me da a mi que es peor el remedio que la enfermedad.

 

sábado, 1 de enero de 2022

OTRO EJEMPLO DE LA BURRICIE LOCAL

 

La incultura, la escasa educación, el poco respeto cívico y otras cosas parecidas que podrían encajar globalmente en el concepto “burricie” es una especie muy arraigada en Cuenca. Ya se que es un mal general, y que en todas partes cuecen habas, pero sin recurrir a la estadística se puede afirmar que por aquí, entre las dos hoces, campan por sus respetos una turba de malhechores ciudadanos que van por la vida encontrando especial satisfacción en hacer daño, pintarrajear paredes, destrozar elementos del mobiliario urbano o, como ejemplo más reciente, asaltando y rompiendo las inocentes piezas del Belén navideño que hay en el jardinillo de la Plaza de la Hispanidad y que no hace daño a nadie ni con nadie se mete. Naturalmente, quienes estamos en las antípodas de tales actuaciones pensamos en qué satisfacción personal, íntima, se puede obtener haciendo tales cosas y la verdad es difícil encontrar una explicación más allá del gusto por hacer daño, porque sí. Como remedio, el Ayuntamiento de Cuenca solicitado colaboración ciudadana para identificar al autor o autores de tales fechorías. A lo mejor los encuentran. El castigo mejor y más apropiado ya se sabe cuál puede ser, uno que no suele aplicarse en Cuenca: trabajos sociales. Tenerlos 15 o 20 días barriendo calles o regando jardines o alguna cosa parecida. Y que se conozcan públicamente sus nombres. ¡Ah, eso no! Hay que respetar el derecho a la intimidad de los delincuentes.

 

sábado, 25 de diciembre de 2021

LA FICTICIA ALEGRÍA DE LA NAVIDAD

 

Llegó la Navidad, como es obvio y sabe todo el mundo. De hecho, estamos en plena vorágine de celebraciones, sin que se sepa muy bien cual es el papel que nos toca desempeñar, entre la alegría desbocada entre los partidarios de ir de fiesta a toda costa y el pavor que produce en otros muchos el simple hecho de salir a la calle, ahora ya siempre con mascarillas, que parece ser la única decisión que este gobierno es capaz de adoptar, por más que crecen las críticas emitidas desde los cenáculos científicos, poco convencidos de que tal cosa resulte útil para lo que se pretende, o sea, el control de la pandemia. Mientras los ciudadanos normales y corrientes nos debatimos entre dudas las calles se iluminan y Carretería se cubre con los tenderetes del mercadillo navideño en el que es posible encontrar las mismas chucherías de siempre, pero que ayuda a dar carácter al espíritu comercial de estas fiestas. Con su presencia, la habitualmente apagada imagen de la principal calle de la ciudad parece encontrar un nuevo brillo. Algo es algo. Mientras, los días siguen su cansino paso hacia la llegada de otro año, circunstancia que nos animará a repartir a diestro y siniestro los buenos y mejores deseos, que nos repartiremos unos a otros a pesar de las dudas en que estamos inmersos.

 

jueves, 23 de diciembre de 2021

VINIERON PARA QUEDARSE

 


Se dice de muchas de las costumbres que se han incorporado a nuestras vidas con esta calamidad de la pandemia. Se dice, por ejemplo, de la mascarilla, desde hoy obligatoria también en calles y espacios abiertos, a pesar de que cada vez son más los científicos (hoy he oído en TV a dos de ellos) que expresan serias dudas sobre la utilidad científica de tales aditamentos colocados sobre nuestros rostros, pero pese a tales suspicacias de quienes entienden, lo único que tienen claro nuestros gobernantes es que hay que llevar mascarillas. Otra costumbre perniciosa es la de hacer cola en la calle, a la puerta de los establecimientos, a pesar de que ya no hay límites de aforo, pero nadie se atreve a levantarlo. Y quedan otras varias más, que ha venido para quedarse, con total rotundidad: las terrazas de los bares. En un sitio tan fresquito como Cuenca sabíamos que, al terminar el verano, todo el mundo recogía mesas y sillas al aire libre para guardarlas en algún almacén hasta que volviera, por lo menos, la primavera y con más seguridad, el verano. Pero eso pasó a la historia: la terrazas, ahora, permanecen y aunque muchas, como la de la foto, permanezca vacía, en casi todas hay siempre alguien dispuesto a sentarse, fumar un cigarrillo o tomarse un café con churros (o lo que venga a mano). Ya no se recogen las terrazas. Han venido para quedarse y es otra imagen a la que deberemos acostumbrarnos.

martes, 21 de diciembre de 2021

LA COLA DE LA FORTUNA

 


 Faltan apenas unas horas, las últimas antes de que los bombos empiecen a dar vueltas dejando caer las bolitas con los números y los euros de la suerte. Desde que se abrió la venta de décimos y billetes, allá por el ya lejano (lejanísimo) verano, ha habido tiempo suficiente para comprar las papeletas que pueden dar o quitar la suerte, pero a pesar de eso todavía en estos momentos, cuando se agota el tiempo disponible, hay colas en los establecimientos de loterías de quienes buscan hasta el último momento la posibilidad de encontrar la fortuna, esa diosecilla habitualmente esquiva. Porque en esto de la lotería de Navidad hay algunos (seguramente pocos) escépticos que se niegan a participar en la rueda del reparto y, en el extremo, hay otros, seguramente más que en el primer grupo, que juegan compulsivamente, amontonando números cabalísticos que pueden ser los propicios; en medio quedamos el resto, quizá la mayoría, que llevamos unos cuantos décimos más por obligación que por confianza en que realmente nos puede tocar. Pero ¿cómo resistir a esos números que nos llaman desde la panadería, el bar, el restaurante, la oficina, el quiosco, la gasolinera o los cien puntos tentadores? Porque ¿y si resulta que toca y yo me quedo fuera mientras los demás se reparten la millonada? Y así, una vez más, llegamos a este día, el de la fortuna caprichosa, que algunos se empeñan en buscar hasta el último momento, sin miedo al frio congelador que hace en la calle.