jueves, 16 de julio de 2026

BANDERAS ESPAÑOLAS DURANTE EL MUNDIAL

 


El país entero está inmerso en una admirable fiebre nacionalista. Bueno, entero no. Los súbditos de Puigdemont o Arnaldo Otegui no participan de esa estimulante enfermedad pero de ellos no hay que hacer mucho caso. Pertenecen a la especie de seres irracionales y por tanto sus estupideces no son de este mundo ni cuentan. Es suficiente con los demás, esos millones de ciudadanos, incluidos entre ellos los no aficionados al fútbol, que estos días se dejan llevar por el entusiasmo colectivo a medida que la selección nacional va dando pasos hacia el sueño de poder conquistar otra vez la Copa del Mundo, o sea, la segunda estrella que incorporar a sus camisetas. El delirio llega incluso hasta una ciudad tan apática como Cuenca, donde es difícil encontrar un argumento que mueva voluntades colectivas, pero en este caso, algo se palpa en el ambiente, como proclama esa hermosa colección de banderas ilustrando los balcones de un edificio de la Plaza Mayor. Algún escéptico podría decir, y no le faltaría razón, que mejor sería que esos movimientos respondieran a algún motivo de más fuste, de contenido democrático o socializante, por ejemplo pero eso sería como pedir peras al olmo, de manera que lo podemos dejar aquí y entretenernos en contemplar ese bonito espectáculo que ofrecen las banderas rojigualdas tiñendo de colores la severidad de la Plaza Mayor de Cuenca.

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