Generalmente, se nos llena la boca (o la pluma) comentando
los desastres patrimoniales que surgen en nuestra provincia con más frecuencia
de lo que sería deseable, pero en esos casos siempre tenemos a la vista algún
edificio de importancia, una iglesia, una ermita, una noble casa señorial o
cosas por el estilo. Pero hay otras pérdidas, en apariencia insignificantes,
pero de tanto valor como aquellas, porque al desaparecer perdemos nuestras
señas de identidad, las imágenes verdaderas de un tiempo y unas costumbres que
se van perdiendo.
Eso es lo que ha pasado con el edificio conocido como El
Parador, una construcción rústica, una casa de campo, con sus habitaciones, su
cocina, sus dependencias para los aperos agrícolas, sus grandes portalones de
madera y sus cubiertas de teja árabe.
Durante los últimos años hemos ido viendo cómo perdía poco a
poco todos esos elementos, vencidos por la progresiva ruina que iba desmontando
tejas, maderas y muros, mientras que la maleza se iba apoderando de todo. Nadie
acudió en su remedio, nadie dictó una orden de protección, nadie quiso
rehacerla y conservarla, aunque hubiera podido ser una bonita casa rural, de
esas que ahora están tan de moda. Ahora, lo que queda, es el suelo raso, ni una
señal de la construcción que hubo.
El Parador estaba en Arcas, en el esquinazo que se forma en
el desvío hacia Cañada Molina, frente a la residencia geriátrica que,
curiosamente, también se llama El Parador. Por lo menos, el nombre sobrevive.
La foto la hice en el año 2010, cuando todavía estaba casi
entero.