Dicen, los optimistas, que cuando estén en funcionamiento los remontes que, aparte destruir el paisaje del barrio de San Martín, servirán para facilitar la subida desde el Auditorio al casco antiguo de Cuenca, entonces ya no hará falta que los autocares suban hasta la Plaza Mayor o el castillo, atascando el tráfico todo lo que pueden. Eso dicen. Por ahora, incumpliendo la normativa vigente que establece un control de acceso para estos grandes vehículos (y que como es obvio nadie se ocupa de hacer cumplir) los señores autobuses suban y bajan según les conviene, organizando los barullos consiguientes. Está por ver si esa situación va a desaparecer cuando los famosos remontes estén en funcionamiento. Por lo pronto, ya sabemos, porque lo han dicho, que los hosteleros no están nada de acuerdo. Prefieren que los vehículos sigan subiendo al casco antiguo trayéndoles clientes y dejándolos en las mismas puertas. Veremos qué pasa cuando llegue la hora de la verdad.

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