Suele ocurrir con relativa frecuencia, especialmente en Cuenca, pero también en otros lugares, porque en este tipo de cosas no tiene nadie la exclusiva. Lo podemos observar en establecimientos que cambian de dueño o de funcionalidad, con el aporte de una nueva identificación, sin haber tenido tiempo de eliminar la anterior, de manera que uno no sabe muy bien si va a tomar café en un bar o a entrar en una lavandería. Es algo parecido a lo que ocurre con esta imagen, perfectamente visible en una calle del centro de Cuenca, en una esquina del parque de San Julián, que un buen día fue señalizada para aparcamiento de motos y a esa finalidad estuvo dedicada algún tiempo, hasta que el desordenado desarrollo del lamentable sistema de autobuses urbanos con que nos ha castigado el destino trajo a la ciudad unos vehículos de mamotrético tamaño que a duras penas pueden caminar con desahogo por buena parte del callejero, encontrando dificultades insalvables como la de esa esquina en la que los vehículos no podían girar. De manera que la solución fue la que vemos: eliminar el aparcamiento de motos, mediante la implantación de bolardos, pero sin suprimir las rayas, de manera que ahí lo tenemos, conviviendo las dos señales contradictorias. Cierto que no hay confusión posible, pero no deja de ser una imagen algo chocante. Muy propia de Cuenca.

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