El alcalde de Cuenca, que es persona voluntariosa y sin duda optimista, está seguro de que podrá terminar con el flujo constante de autobuses a la Plaza Mayor, lo que supone un claro entorpecimiento del tráfico, sobre todo cuando tales vehículos se internan por las intrincadas calles que forman el recorrido por el que pasan, con el consiguiente peligro para los inocentes peatones que se ven obligados a pegarse a las aceras para evitar ser arrollados. Según el alcalde, tal cosa milagrosa se conseguirá cuando entren en servicio los remontes que ahora se están construyendo para acceder de manera peatonal al casco. El plan previsto afectará tanto a los autobuses turísticos como a los procedentes de colegios e institutos. Sin exagerar, en el ambiente del casco antiguo de Cuenca se detecta un claro escepticismo en relación con ese comentario. Nadie, o casi nadie, se cree que nuestro querido ayuntamiento pueda ser capaz de impedir o restringir el tráfico de autobuses por el casco antiguo. La respuesta la dará el tempo, que ya se acerca presuroso.

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