Sobre la
iglesia románica (en realidad, gótica) de Arcas se han escrito tantas palabras
y tan elogiosas, que es innecesario insistir aquí en argumentos de sobra
conocidos. Cuando no se puede decir algo nuevo y original, más vale callar, de
manera que no hace falta seguir diciendo lo que ya se conoce. Por eso me voy a
limitar a poner el acento en un punto determinado de ese precioso edificio, su
torre de campanas que viene a ser la más original espadaña de cuantas hay
repartidas por la provincia y que ahora no se puede ver porque está envuelta
entre la envoltura de los andamios que se han levantado para llevar a cabo
obras de necesaria reparación que ayuden a mantenerla en perfectas condiciones.
Digamos, pues,
algo de la espadaña.
situada en el exterior del edificio, en posición perpendicular al cuerpo de la
iglesia, en lo que parece ser una ordenación espacial que no tiene ningún otro
ejemplo en la arquitectura española. Una abertura permite el paso bajo ella a
través de un arco apuntado que, a la vez, hace el papel de entrada al recinto
eclesial. Sobre él se levanta el cuerpo de campanas, que concluye en un frontón
apuntado con tres huecos, uno superior de medio punto y dos bajo éste,
ojivales. Por una escalera exterior puede llegarse hasta el campanario. Esta
sorprendente pieza de arquitectura quedó al descubierto con las obras de
reconstrucción, ya que hasta entonces la ocultaba el cuerpo de la sacristía,
adosado al templo justo en esta zona.
Esa maravilla es la que ahora está en
reparación con la esperanza de que pronto vuelva a brillar con toda su belleza.

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