sábado, 11 de abril de 2026

MAÑANA DE BODA EN LA CATEDRAL

 


La verdad es que se trata de un bonito espectáculo, quizá más atractivo por infrecuente, porque como cuentan incansables todos los que se dedican a estas cuestiones, el número de bodas va en constante descenso, sustituidas por otras soluciones de conveniencia sin pasar por los juzgados y menos aún por los altares. Por eso es tan llamativa una boda en la catedral de Cuenca, asunto que aporta a este sábado abrileño y casi primaveral un aliciente más a la habitual actividad del centro humano de referencia en esta ciudad. Las gentes se van situando en las inmediaciones del templo, luciendo ellas sus galas coloristas y hasta cierto punto atrevidas, mientras ellos, poco acostumbrados al traje y la corbata, pugnan como pueden con estos elementos de gala ya tan escasamente usuales en la vida ordinaria. El novio andará por ahí, perdido quien sabe en qué grupo, mientras espera la llegada de la novia; los invitados se han repartido mayoritariamente por los bares de la Plaza, encantados siempre de tener actividad y bebedores. Desde su noble atalaya, la catedral contempla el espectáculo con la parsimonia de quien lleva siglos amparando estas cuestiones que, estoy seguro, le gustaría fueran más frecuentes. Los demás, curiosos y cotillas como somos, asistimos con parsimonia al desarrollo de la función pública. Es una agradable mañana y así nos entretenemos.

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