Verdaderamente,
es un espectáculo muy deprimente encontrar cada dos por tres el sucio espectáculo
que ofrecen a la contemplación cotidiana los contenedores de basura tan
abundantemente repartidos por las calles de la ciudad de Cuenca. Dichosos
tiempos aquellos en que tal costumbre, presuntamente higiénica y civilizada,
aún no se había implantado. Las calles estaban todo el día impolutas, libres de
estas miserias olorosas y visuales y sólo al llegar la noche los vecinos podían
sacar a las calles las bolsas que un rato después recogían los camiones
preparados para tales funciones. La modernidad nos ha traído este maquiavélico
espectáculo ya de por sí bastante desagradable pero peor aún si esos
contenedores están sucios, rotos, deteriorados o maltratados, sin que al
parecer a nadie se le ha ocurrido encargar o exigir a la empresa adjudicataria
que los mantenga en correctas condiciones durante todos los días. Una pena. Y
encima tenemos que aguantar que eso es lo moderno.

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