Filósofos,
sociólogos y gente de parecidos profundos conocimientos han escrito ya de
manera suficiente y han comentado qué facilidad tiene el ser humano para acostumbrarse
a cosas que, de momento, le pueden parecer insólitas o extrañas, pero con el
paso del tiempo se introducen en nuestras vidas y costumbres, hasta llegar a formar
parte de la existencia cotidiana, de manera que llega un momento en que nadie
se extraña, más aún, ni siquiera pregunta qué hace allí aquello que lleva meses
o incluso años y que encima, de propina, es una molestia para los ciudadanos
además de ofrecer un feo espectáculo.
Veamos un ejemplo muy concreto. En la Plaza de la Constitución, donde empieza Carretería, hay colocado un andamio que, se supone, protege el desarrollo de unas obras que se están haciendo en su interior. Ese andamio se colocó no hace menos de tres años y desde entonces es un estorbo para todos los peatones que cruzan por ahí y especialmente para los que quieren acceder a los comercios de esa zona. Pero resulta que nadie está haciendo obra alguna, no hay albañiles trabajando, los andamios son perfectamente inútiles, no protegen de nada ni a nadie. ¿A alguien se le ha ocurrido retirarlos? ¿Alguno de los cientos de ciudadanos que diariamente pasan por ahí se pregunta cuándo van a terminar las obras que ni siquiera han empezado? ¿Alguien opina que ese es un espectáculo antiestético en plena ciudad moderna?
Para
refrescar la memoria, aquí añado ahora una foto de cómo era ese edificio antes
de que lo ocultaran los inútiles andamios. ¿Volveremos a verlo alguna vez? O,
lo que quizá es más interesante, además de curioso, ¿empezarán alguna vez las obras?
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