Lo de Cuenca es un no parar de construir, levantar, modificar,
restaurar. En la parte nueva, ya se sabe, suelen ser construcciones de nueva
planta, de las que empiezan por los cimientos en el solar y luego van subiendo
pisos, hasta donde se puede o deja la legislación urbanística, pero en la parte
antigua, donde ya parece que no queda ningún espacio disponible para poder
construir un nuevo edificio, lo que se viene haciendo, desde hace muchos años,
es actuar sobre lo que ya hay, generalmente con la sana intención de modificar
estructuras que han quedado totalmente obsoletas (cocinas y baños en primer
lugar) y si es posible sacar un espacio más que se pueda vender o alquilar.
Esa esta la situación y así viene ocurriendo. Como ahora mismo, en
el esquinazo de las calles Alonso de Ojeda y San Vicente, un caserón de grandes
dimensiones y sin especiales valores arquitectónicos, uno ejemplo clásico y
bien visible de lo que fue la técnica constructiva en esta ciudad pero que
ahora está siendo totalmente remodelado, con las consiguiente molestias, como
es natural, porque la ubicación del inmueble no deja de ser un obstáculo para
el tráfico, pero como en Cuenca a eso estamos bien acostumbrados, nadie se
enfada ni se molesta. Sólo hay que esperar que las obras terminen para ver el
resultado, que sin duda merecerá la pena.

